martes, 9 de abril de 2013
00:00 horas en una bañera llena hasta arriba. Pasar de agua hirviendo a agua fría. Sumergir la cabeza y cubrir todo tu cuerpo de humedad y espuma. Notar como no oyes nada, como los oídos se taponan. La ceniza mancha el suelo y alguna gota del vaso ha caído en el agua ya tibia. El ambiente gris que tiñe los azulejos azules y blancos solo es el camuflaje de la tranquilidad. El pelo mojado pegado contra los hombros y bajando por los brazos te aletarga con su caída en zigzag, y lo recoges descuidado pensando en ella. Cuando respiras en estos pocos días solo la recuerdas a ella. La felicidad enmascarada tras la lenta pero dulce agonía del olvido de la verdad. La verdad que se encuentra entrelazada a las manos y el cuerpo de otra.
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