domingo, 12 de junio de 2011

Respirando bien fuerte. Dándote codazos para que sientas que estoy presente. Tomemos un tren, o mejor, cojamos tu coche. No pongas el aire acondicionado, que el viento nos de en la cara. Seamos Thelma y Louise huyendo hacia algo mejor. Dame la mano. Tus cortos cabellos se despeinan e intentan alcanzar tu rostro. Te observo y te giras sonriéndome, e imagino tus pequeños ojos tras esas gafas antiguas que tanto te gustan. Apoyas la cabeza en el respaldo y coges una bocanada de aire. Conduces lejos, a esa playa de la que nos hablaron una vez. Suena sin parar kiss fm, una canción tras otra, y cantamos como locas "Nada tiene de especial..". Sacas un cigarro y vuelves a parecer una de esas antiguas artistas de cine de los 60; con tu pelo corto muy a lo Jean Seberg, simplemente preciosa. Y vuelves a cogerme de la mano, tus dedos juegan con los míos y no dejas de sonreír. Sueltas el volante y nada nos parece peligroso. Risas y más risas. Eres mi Annie Hall y no puedo dejarte ir, pero tu ya tienes ese ticket para marcharte, como dijera un escarabajo. "No te preocupes porque queda mucho tiempo". Pero no es cierto, ya no existes. Vuelves y te marchas, estás y no estás. Te dejé en ese coche, con las maletas hechas y una botella de vodka en el asiento trasero. Tuve que bajarme al descubrir que aquella no eras tú. Que todo había sido falso y que no eras mi sueño, que no eras la mujer despreocupada e incoherente. Y tu coche se marcha mientras yo siento que aún estoy dentro, con alguien que jamás serás ya tú, con una persona que se que existe y que no será mía, pero no importa. Soñar me merece la pena, suele ser mucho más perfecto, y como dijo un filósofo, ¿qué es más real? Tú, tu siempre serás real.