sábado, 22 de junio de 2013

Ahí están los trocitos de lo que es verdad y lo que no. He roto la cajita de argumentos de mi salón. He esparcido los pedacitos por la alfombra que anoche era un suelo frío. Tumbada, los he mirado despacito, desde todas las perspectivas y horas de una noche intranquila. Los colores y las formas que parecían atractivas. He ido separando y he descubierto sus lados más afilados. Cuando los miré desde lejos, desde arriba, vi que eran los trocitos de un corazón desolado. Hay que ser extremista para amar en un segundo lo desconocido, y también hay que serlo para destruirlo todo en un suspiro. No he construido castillos en el aire ni fortalezas de piedra, solo una casita de mimbre "que se dobla antes de partirse" y que me mira desde dentro para reírse. He metido toda mi ropa de invierno, los halagos y hasta los complementos,echando solo una llave ahora unos ojos me miran desde dentro. He entendido las múltiples teorías al respecto y una historia que me cuenta que me equivoco, que me engaño y que luego viene el arrepentimiento. Hay una voz que me habla en mi cabecita contrariada, que me dice que si me duele que no llore, que deje la puerta abierta y que cuando pueda, respire y me vaya. Hay un olor que me sabe a dulce desde dentro, pero luego encuentro el cadáver de cristalitos en mi alfombra de los recuerdos. Anclada y/o varada en el marco de mi puerta, miro hacia fuera donde el aire no es ni limpio ni sucio y los caminos se abren se estrechan y te acechan.