martes, 9 de abril de 2013

Conectadas. Estoy encadenada a verte, quererte y mentirte. Como si tuviese dos años, como si te necesitase aún a cada paso. Si te vas, no iré a verte, y me detendré en el tiempo para tenerte y para que no veas en cuanta indecencia caigo si no me observas constantemente. Lo sabes todo, y quiero pedir perdón por si no sabes nada. Quiero decirte unas palabras, y no es lo nuestro, así que te tiro un cojín, te ries y te escapas. No quiero nada, no quiero contarte nada y que veas como soy. Amo ser más tú con el tiempo. Siento todo el dolor en tu vida, siento los lamentos, siento que haya cambiado tu cuerpo. Los días pasan y las cosas se normalizan, no eres tan joven, y nadie se preocupa ni se escandaliza. Cosas que pasan. Tanto tiempo enferma, qué más da si los años pasan y pasan. Y tú, alegre y coqueta, explotas y eres afilada, y valiente y cariñosa. Supongo que eres para mi, como para otros tantas otras.

00:00 horas en una bañera llena hasta arriba. Pasar de agua hirviendo a agua fría. Sumergir la cabeza y cubrir todo tu cuerpo de humedad y espuma. Notar como no oyes nada, como los oídos se taponan. La ceniza mancha el suelo y alguna gota del vaso ha caído en el agua ya tibia. El ambiente gris que tiñe los azulejos azules y blancos solo es el camuflaje de la tranquilidad. El pelo mojado pegado contra los hombros y bajando por los brazos te aletarga con su caída en zigzag, y lo recoges descuidado pensando en ella. Cuando respiras en estos pocos días solo la recuerdas a ella. La felicidad enmascarada tras la lenta pero dulce agonía del olvido de la verdad. La verdad que se encuentra entrelazada a las manos y el cuerpo de otra.

lunes, 1 de abril de 2013

Fueron unos días absolutamente azules y grises en cuanto al color del mar y las rocas. La nariz taponada y los nervios de lo inevitable, con un hilo de voz que delataba innumerables noches de fiesta. La taza de café dejó de estar sobre su platillo en el que se erguía coqueta y estaba fuera de control de pie sobre la mesa, bailando y ondeando ante una chica que la observaba desde alguna otra mesa. Un cercanías me llevó hasta un lugar recóndito donde el frío paralizaba la sangre a la altura de mis tobillos. Pedía por favor que me dieses eso que te pedía, y cerraba los ojos al pasar por la estación donde no quería ver más allá y encontrarme con otros días. Hay un huracán que acecha cada segundo de tu existencia y que amenaza con cambiarlo todo, con perseguirte hasta que te dejes envolver. Y poco a poco notas sus manos que te acarician y que son el tiempo que llevas despertando a un nuevo momento de novedades e inquietudes. Te preguntas qué es lo mejor, y lo mejor es dejar que te lleve, estar solo. Dudabas de otras palabras y anhelabas apoyarte en una persona que compartiese tu carga, y ahora esta se hacía más llevadera y menos frágil estando solo. Descubriste algunas de las tantas mentiras del mundo, y escuchaste frases que se te hacían repetidas, y te quedaste con el desencanto y la idea de otras cosas mejores. Te afanaste por crear tus propias inventos y por seguir el antojo y los planes brillantes que se alzaban en el atractivo aire primaveral. Y ahora, después de tantos bailes, éxitos y fracasos, eres esa taza que, como muchas otras, esta sobre la mesa pero fuera del plato.